domingo, 18 de marzo de 2018
TAPAS Y TAPONES
La mayor parte de los visitantes de Vigo tiene cara de hambre, vamos, que se les ve famélicos, desnutridos.
Por eso el tabernero vigués, que es persona caritativa y misericordiosa, sufre y se apiada de aquella pobre gente.
Así que, si el infeliz muerto de hambre solicita una simple caña, incluso un agua mineral sin gas, el filantrópico tabernero se la sirve acompañada de cuarto de chorizo, media tortilla de patata, una docena de canapés variados y la cosecha de aceitunas de todo el año.
El ahíto viajero se aleja ya gordito y coloradote, mientras el buen hostelero, hondamente conmovido, enjuga una furtiva lágrima de pura emoción. ¡Buen samaritano, sí señor, para que luego digan!
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