domingo, 1 de abril de 2018

PATATA

Que el origen del mundo haya sido una patata es poco verosímil. Sin embargo en latitudes muy lejanas del planeta se dan sorprendentes coincidencias muy difíciles de explicar sobre esta mítica interpretación del surgimiento del cosmos. Yo tengo un primo antropólogo que suele ocuparse de estas fruslerías a falta de mejor cosa que hacer, y me ha referido el asunto con pelos y señales. En síntesis, y prescindiendo de datos superfluos de los proporcionados por el pelma de mi pariente, la cosa sería así: Los dioses habían puesto a asar sobre las brasas una gran patata con el objeto de comérsela, pero estaban tan ocupados en otros asuntos que olvidaron retirarla del fuego y la patata estalló y dio origen al universo (una especie de bigbang popular). Tan peregrina leyenda o creencia bien pudiera carecer de fundamento, de no ser por la señalada coincidencia en lugares y pueblos muy distantes. Veamos: La leyenda se ha recogido por tradición oral en algunas aldeas de los Yungas bolivianos, pero el olvido de la patata se atribuye por los hombres a Quilla, la diosa lunar; en tanto que las mujeres prefieren que sea Inti, su esposo, quien sufriera el proverbial despiste creador. Es sorprendente que en un lugar tan remoto como la Galicia rural, que conserva rastros de la primitiva religión druídica, pese a la fortísima superposición cristiana (a veces incluso impuesta por las malas) la leyenda se halle en términos casi idénticos inscrita en un petroglifo del año de Maricastaña (falta datación fiable): Fue el dios celta Lug quien dejó la patata a idea sobre el llar y lió la parda. Ahora bien: ¿No es así que la patata llegó a Galicia procedente de América en el siglo XVI? ¿Cómo pudieron los celtas primitivos conocer el sabroso tubérculo? Una cosa más: ¿hay que decir patata, o cachelo? El “Glosario de Voces Galegas de Hoxe, de Constantino García” no lo deja nada claro, así que cada uno que lo interprete a su aire. Al margen de consideraciones lingüísticas y antropológicas, lo cierto es que las patatas o cachelos servidos en Galicia con carne o pescado han llegado a desplazar mi interés desde la parte proteínica (carne o pecado) hacia la guarnición vegetal. Y es que están de puta madre. El anciano locuaz también me explicó la causa de que la patata gallega sea mejor, mucho mejor, que cualquier otra congénere suya. Parece que un antiguo señor gallego (un Montenegro, según él) logró juntar en un año de cosecha a un devoto canónigo de Tuy y a una meiga muy poderosa, hazaña que sólo podría realizar un personaje de tan alta alcurnia. Puestos frente a la patata recolectada, la meiga realizó un extraño conjuro, a la vez que el canónigo entonaba un solemne Te Deum… ¿Sacrilegio? Entonces se abrió el cielo en una horrísona tormenta de rayos, truenos y temible aguacero, con el resultado de que la patata gallega quedase transfigurada y bendecida por fuerzas preternaturales, dando origen al formidable cachelo que hoy conocemos.

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